miércoles, 1 de enero de 2014

“Que Nuestro Señor Jesucristo, por la mediación de María, nuestra Patrona, se digne derramar en este nuevo año sus más abundantes bendiciones sobre ti y sobre todas nuestras queridas hijas” (Carta 81, 30 de diciembre de 1816. A la Madre Adela)

La chamifrase de la semana 108 – 1 de enero de 2014.

“Que Nuestro Señor Jesucristo, por la mediación de María, nuestra Patrona, se digne derramar en este nuevo año sus más abundantes bendiciones sobre ti y sobre todas nuestras queridas hijas” (Carta 81, 30 de diciembre de 1816. A la Madre Adela)


El Padre Chaminade saluda a la Madre Adela y a las primeras religiosas marianistas por Año Nuevo, deseando que el Señor derrame “sus más abundantes bendiciones” sobre ellas.  Notemos que este saludo se da en el primer año de la fundación de la primera comunidad religiosa marianista.  En poco tiempo se hará una tradición que “las hijas y los hijos” del Guillermo José lo saluden para Año Nuevo y que él responda con bendiciones.  Más adelante, cuando sean muchos, les escribirá respuestas colectivas para la ocasión.  Pero siempre, terminando con el deseo de las bendiciones.
Hoy está de moda en ciertos círculos cristianos saludar habitualmente al despedirse personalmente o en un mail deseando “Bendiciones”.  Pero,  ¿qué significa pedirle a Dios que nos bendiga, y desearlo también para los demás?  La bendición de Dios no es un augurio de buena suerte o una palabra mágica que puede realizar “milagros”.  La bendición de Dios es el regalo de su Presencia, que se derrama en nosotros como la lluvia cuando cae sobre la tierra y genera nueva vida, o el roció fresco de la mañana que nos predispone para vivir el día con las fuerzas renovadas.  La bendición de Dios en la historia bíblica llegó a su Pueblo de diferentes maneras.  Pero la Bendición de Dios con mayúsculas, tiene un nombre, se llama Jesús. Él es la Bendición definitiva  del Padre Dios para la humanidad.  Él es la Bendición que pone su tienda en medio de nosotros.  Él es la Bendición que habita en cada uno de nosotros.
El Padre Chaminade desea a sus hijas que Nuestro Señor Jesucristo derrame sobre ellas por intermedio de María, sus más abundantes bendiciones.  Nosotros, también hijos e hijas de Guillermo José, abramos el corazón al comenzar este año para que la Bendición de Dios se derrame abundantemente en nuestra vida y en la vida de todos aquellos con los que compartiremos cada día en este año que comienza.
Les invito a orar con este antigua oración que Dios mismo sembró en el corazón de su Pueblo (Num, 6,24.26) y que san Francisco de Asís popularizó regalándosela al Hermano León.  La liturgia eucarística nos la recuerda en la primera lectura del primer día del año, cuando celebramos a María como Madre de Dios.  Por Ella hemos recibido y seguimos recibiendo la Bendición de Dios, que es su Hijo Jesús.  Pensemos que nuestro Padre y Fundador hoy la repite pensando en cada uno de nosotros.  Y a la vez nosotros podemos rezarla por los demás.
Puedes repetirla varias veces en tu interior, haciendo presente cada vez en tu mente y en tu corazón el rostro de alguna persona a quien desees hacer llegar esta bendición. Y la puedes enviar también a alguna persona como regalo al inicio de este nuevo año, comprometiéndote a orar por ella. 

“Que el Señor te bendiga y te proteja,
Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti
y te muestre su gracia.
Que el Señor te descubra su rostro
y te conceda la paz”.
Amén


ATsm


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