domingo, 20 de enero de 2013

“Hay que amar lo que se cree” (Carta 661 - 23 enero 1833. Al P. Lalanne).


Las chamifrases de la semana en el Año de la FE

La chamifrase de la semana 61 – Domingo 20 de enero de 2013.

El Padre Lalanne se encuentra trabajando en la obra de Saint Remy y le escribe al Fundador detallando las dificultades y conflictos que se suscitan en esa comunidad, y especialmente en la relación con el Sr. Clouzet.  Ambos son marianistas de la primera hora, fieles discípulos de Guillermo José y columnas del desarrollo de la misión marianista en la primera etapa de su historia.  El Fundador no desestima las situaciones objetivas que causaron el conflicto ni las actitudes subjetivas de ambos frente al mismo, pero la respuesta que escribe más que un manual de mediación fraterna es un pequeño tratado sobre “la fe del corazón”.

Guillermo José con la invitación a “amar lo que se cree” no se desentiende del problema sino que da la clave para enfocar la situación desde otro lugar.  Por eso con solicitud paterna le dice a Juan Bautista Lalanne: “Mi querido hijo, remediarás todos tus males interiores si la fe, sólidamente anclada en tu espíritu desde tus estudios superiores, pasa enteramente a tu corazón. Hay que amar lo que se cree.”

“Amar lo que se cree” no es una reacción del pietismo devocional al racionalismo iluminista de la fe (ambas posturas religiosas de la época).  “Amar lo que se cree” es el camino para llegar a la adhesión del núcleo interior más profundo del ser humano a la persona de Jesús.  “Amar lo que se cree”  es dejar hechar raíces a la Presencia del Señor en ese centro vital que el lenguaje bíblico ha identificado con el corazón.  “Amar lo que se cree” es la definición de lo que el Padre Chaminade denomina habitualmente “la fe del corazón”, siguiendo las enseñanzas de San Pablo:  “Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios los resucitó de entre los muertos, serás salvado. Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para alcanzar la salvación” (Rm. 10,9-10).

La fe del corazón, amando lo que se cree, consolida en nosotros el espíritu de Cristo: haciendo nuestras sus maneras de pensar, sentir y actuar. La fe del corazón nos habilita para ver la vida y el mundo con la mirada de Jesús, y para vivir siguiendo sus huellas.

Cuando el Padre Chaminade le pide al Padre Lalanne que ame lo que cree, lo está invitando a encarnar en su mirada y en su acción cotidiana los valores evangélicos que contempla en Jesús y que predica a los demás.

Creo Señor, pero aumenta mi fe,
concédeme el don de la fe del corazón,
para que me decida a amar lo que creo,
y dejar que tu Espíritu consolide en mi interior tu Presencia:

que tu Palabra hunda sus raíces en mi yo más profundo,
que tu Gracia modele cada día mi corazón y lo haga semejante al tuyo,
que tu Amor transforme mi interior y me impulse a caminar por tus huellas.

Creo Señor, pero aumenta mi fe,
concédeme el don de la fe del corazón,
para que amando lo que creo
crezca en mí tu modo de pensar, de sentir y de actuar:

para que pueda mirar la realidad a la luz de tu Evangelio,
para que pueda sentir y compartir con los demás tu ternura y tu compasión,
para que pueda actuar cada día haciéndole lugar a tu Reino que crece.

Creo Señor, pero aumenta mi fe,
concédeme el don de la fe del corazón,
para que mi testimonio sencillo y cotidiano exprese con humildad que
“hay que amar lo que se cree.
Amén.
                                                           AT sm

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