domingo, 29 de enero de 2012

“Nada sería mejor que entendernos y trabajar de acuerdo para gloria del Señor y de su augusta Madre”.


La chamifrase de la semana 33

29 de enero de 2012 

“Nada sería mejor que entendernos y trabajar de acuerdo para gloria del Señor y de su augusta Madre”.

(Carta 320 – 9 enero 1825. Al Señor David Monier).

El Padre Chaminade escribe esta frase en una breve y sencilla carta acompañando una de las notas de asuntos temporales que intercambiaba diariamente con el Señor David Monier.  Es una carta personal y que nace de la grandeza del corazón de nuestro Fundador, así de su conocimiento profundo de los vericuetos del corazón humano y su sabiduría para “hacerse cargo” de los conflictos en las relaciones interpersonales.  Podría haber seguido la relación institucional con uno de sus más eficaces colaboradores y punto, pero no puede negar lo que está pasando entre ellos y se anima a dar el primer paso en la resolución de ese conflicto.

David Monier (1757-1949) fue una de las personas más ligadas al Padre Chaminade y a los orígenes de la Familia Marianista. Abogado de profesión, se sumó a la movida de la Revolución de 1789, pero siendo testigo directo de las atrocidades del Terror, se convirtió en un destacado opositor político, sufriendo la persecución y la cárcel.  Se acercó al Fundador en los primeros años de la fundación de las Congregaciones en Burdeos y se posicionó rápidamente como referente de las mismas.  Era un hombre de gran elocuencia y poseía una destacada habilidad para los negocios, así como un cristiano de honda espiritualidad. Se convirtió en el secretario personal del Fundador, lo ayudó en la fundación de las Hijas de María y finalmente profesó en la naciente Compañía de María cuando ya había pasado los 60 años de edad (1821).  Como delegado del Padre Chaminade fue fundamental su acción para la primera expansión de la SM en Agen, Colmar y Saint Remy.  Fue justamente en este último lugar donde comandó la adquisición y la fundación de este gran complejo educativo y evangelizador.  Y fue allí también que cometió algunas imprudencias y generó serios problemas económicos.  Metido en su propia percepción distorsionada por una excesiva susceptibilidad comenzó a poner en duda la confianza plena que el Padre Chaminade había depositado en él, así como también sus decisiones y actitudes.  Finalmente había regresado a Burdeos y residía en el internado del Señor Auguste. 

Es en esa situación que Guillermo José le escribe esta carta y le propone: “Que aquel de nosotros dos que pudiese encontrar en el otro algún error, alguna falta, de cualquier clase que sea, lo perdone de corazón y rechace en adelante como una mala tentación hasta el mínimo recuerdo. Nosotros no nos ocupamos más que del futuro”.  Y dando un paso más de humildad sabiendo que a veces los errores aunque sean involuntarios dejan heridas en los demás, profundiza la propuesta:  “Si usted cree que tiene necesidad de algún perdón, yo se lo concedo sinceramente. Si yo le he contrariado indebidamente, su he usado mi autoridad con usted desacertadamente, perdóneme también tan sinceramente como yo le perdono”.

A continuación explicita los dos motivos por los que cree que tienen que animarse a la “reconciliación”: porque no duda de las buenas intenciones de ambos y porque esta situación está generando inconvenientes  en torno a ellos y la quita de cooperación de David a la “obra de Dios” que es la misión marianista.  Guillermo José nos enseña a vivir con humildad y realismo nuestros conflictos con los demás, y a animarnos a dar el paso y acercarnos con quienes aunque compartimos a diario la vida o la misión estamos interiormente alejados.  Pero ser humilde no implica ser ingenuo, y la buena voluntad no elimina el llamado claro a cambiar de actitud, por eso afirma: “Si no toma esta decisión, me quejaré de ello a Dios y le haré a usted responsable de todos los males que se deriven de su rechazo, así de todo el pesar que causaría a su Buen Padre”.
Sorprende la fuerza con la que el Fundador deja “en claro” la situación y apela a la responsabilidad “de la otra parte”, pero más sorprende su último pensamiento nacido de su ternura paternal: “Yo pensaba, mi querido hijo, que con la buena y franca voluntad de ayudarme en mis trabajos, usted se vendría a vivir conmigo”.
David Monier se trasladó a la casa de la Magdalena donde vivía Guillermo José, y no se separó nunca más de él hasta su muerte, un año antes que la de su “venerado Padre”.
Los conflictos interpersonales, algunas veces deliberados y otras más solapados, pueden convertirse en obstáculos importantes para la vida comunitaria y la misión; pero también pueden ser un motor que dinamiza el crecimiento personal y las relaciones con los demás, y nos invitan a vivir con mayor profundidad y autenticidad.  Por eso es que “nada sería mejor que entendernos y trabajar de acuerdo para gloria del Señor y de su augusta Madre”.

Danos Señor un corazón grande y renueva nuestro espíritu,
para que reconociendo nuestros conflictos con los demás
seamos capaces de acercarnos con humildad, y si es necesario,
perdonar o pedir perdón.

Danos Señor un corazón grande y renueva nuestro espíritu,
para que nuestras relaciones interpersonales sean más profundas y auténticas,
y a través de ellas podamos anunciar que es posible amar al prójimo,
en nuestra vida concreta y cotidiana.

Danos Señor un corazón grande y renueva nuestro espíritu,
para que seamos constructores de relaciones de amistad y de paz,
porque “nada ES mejor que entendernos y trabajar de acuerdo
para gloria del Señor y de su augusta Madre”.

Amén


                                                                         AT sm

domingo, 22 de enero de 2012

“Me hago viejo y sé que pronto iré a rendir cuentas a Nuestro Señor de las misiones que me ha confiado a lo largo de mi vida. He pasado por pruebas muy duras. Dios sea bendito y María, glorificada”.


La chamifrase de la semana 32

22 de enero de 2012 
162° aniversario de la Pascua del Beato Guillermo José Chaminade

“Me hago viejo y sé que pronto iré a rendir cuentas a Nuestro Señor de las misiones que me ha confiado a lo largo de mi vida. He pasado por pruebas muy duras. Dios sea bendito y María, glorificada”.

 (Carta 1313 - 17 agosto 1844. Al P. Caillet).

El Padre Chaminade asume la etapa de la vida en la que se encuentra, sabe que no le quedan muchos años  de vida, y no duda del rumbo hacia el que se dirige su existencia: el encuentro definitivo con el Señor, al que ha entregado la vida entera en el sacerdocio y a través de la fundación y animación de la Familia de María.

Ya no son los tiempos felices de su juventud en Mussidan, ni los tiempos difíciles de la vida oculta en el Burdeos post-revolucionario ni la soledad del exilio en Zaragoza.  Ya no es el tiempo del discernimiento y la espera prudente para lanzarse a la misión, ni el tiempo de las fundaciones de los Institutos religiosos y su desarrollo por toda Francia. Ha pasado “mucha agua debajo del puente”.  Guillermo José es consciente de su larga vida y de la cercanía del final.

Está seguro de dos cosas: que el Señor es el que le ha confiado unas cuantas “misiones” a lo largo de su vida y que no le han faltado duras pruebas en el camino.  Y todavía tendrá que sufrirlas en los años difíciles que le quedan por delante. 

No vemos en su testimonio nostalgia por lo pasado ni amargura por lo no logrado.  No percibimos tampoco depresión por su vejez, ni tampoco abandono de su sentido de la vida antes de tiempo.  En esta honestidad consigo mismo y su situación vital, el Padre Chaminade, hace su “síntesis existencial” desde la identidad de un hombre de fe.  Es lo que ha deseado ser toda la vida y lo que ha pedido a sus seguidores.  En los últimos años de su vida contemplamos en él al hombre de fe que sabe mirar y aceptar su propia realidad desde una mirada profunda que solo la fe del corazón en plenitud puede regalar: “Dios sea bendito y María glorificada”.

Cuántas veces había repetido durante su vida desde la influencia ignaciana de su primera formación espiritual: “Todo para mayor gloria de Dios”, a lo que agregaba desde el carisma recibido “y para la gloria de María”.  Al final de su vida, asumiendo todo lo que ha vivido, las alegrías y las tristezas, las gracias y las pruebas,… su corazón no puede dejar de manifestar ya no como deseo sino como experiencia vivida, que en todo “Dios sea bendito y María glorificada”.

Que al final de nuestros días, podamos también ya no proponernos sino ser auténticos hombres y mujeres de fe, y que el Señor nos regale la gracia de construir ese día, desde nuestro caminar concreto de todos los días:  en los momentos de estabilidad y en las pruebas, en pleno día y en la espesura de la noche, en las certezas y en las búsquedas, en las decisiones tomadas con la seguridad de los principios que no cambian y en las que se deben tomar asumiendo los riesgos de la adaptación y la encarnación en nuestra realidad cambiante.   Que en todo, en lo personal y lo comunitario,… “Dios sea bendito y María glorificada”.

Gracias Señor por la vida de Guillermo José,
nuestro Padre y Fundador.

Gracias Señor porque sus enseñanzas no fueron solo palabras
sino ejemplo encarnado en su propio testimonio de vida.

Gracias Señor porque contemplando la vida del Padre Chaminade
aprendemos a ser hombres de fe y misioneros de María.

Gracias Señor porque su vocación de Misionero en un mundo nuevo,
nos invita a nosotros a asumir la nuestra: la de ser misioneros en este mundo nuevo.

Gracias Señor por el don de la vocación marianista,
que nos regalás por la mediación de Guillermo José Chaminade.

Gracias Señor porque reconociéndonos herederos de su don,
nos animamos a desear que en todo en nuestras vidas,
“Dios sea bendito y María glorificada”.

Amén

                                  AT sm

lunes, 2 de enero de 2012

“Pido a Dios, desde el fondo de mi corazón, que las colme este año, y el resto de sus días, de sus inefables bendiciones”.


2 de enero de 2012  FELIZ AÑO NUEVO

“Pido a Dios, desde el fondo de mi corazón, que las colme este año, y el resto de sus días, de sus inefables bendiciones”.  

(Carta 186a – 10 de enero de 1821. A las novicias de las Hijas de María, Agen).


El Padre Chaminade solía terminar sus cartas con frases personales y nacidas de su mundo afectivo. Cualquiera hubiera sido el motivo y el contenido de la misma, vemos que su corazón se expresa con efusividad especialmente cuando se dirige a sus “hijos e hijas”: discípulos y seguidores.
En este caso se trata de un saludo al inicio del año a las novicias de las Hijas de María. Las religiosas marianistas no cumplieron todavía cinco años viviendo en comunidad, o sea que se trata de novicias de la primera hora.  El Fundador les escribe animándolas en la elección vocacional que han realizado y les aconseja en los mejores caminos para crecer en la vida espiritual.
Y su deseo para el nuevo año, no es una mera formalidad.  Su deseo convertido en oración nace “desde el fondo de mi corazón”. Es auténtico y profundo.  Y por si quedan dudas, en la carta original escrita por su secretario, después de esta frase podemos leer “Repito de mi propia mano:…”. Y vuelve a repetir esta frase con su propia letra.  Un detalle que nos muestra el gran corazón de nuestro Fundador.
Podemos también vislumbrar la intensidad de su saludo.  Porque su deseo para las novicias tiene una medida abundante: “que las colme este año” y una generosa amplitud de futuro: “y el resto de sus días”.  
Un deseo profundo y auténtico, convertido en oración, que pide plenitud de“bendiciones inefables”. O sea bendiciones que no se pueden expresar en palabras sino en propia experiencia de vida.  En el fondo Guillermo José les desea que puedan tener la gracia de una verdadera experiencia de Dios.
Y estas palabras no le salen así no más al Fundador.  Sabe vivencialmente de qué habla.  Pide generosamente para los demás lo que ha recibido como don en su interior.  Y al desear a los demás con generosidad desde el fondo de su corazón, esas bendiciones no sea agotan en su experiencia personal sino que manan con la fuerza viva de una manantial de gracia interior.
¿Y si nos animamos a desear con generosidad a los demás las bendiciones que necesitan? ¿Y si dejamos que desde el fondo de nuestro corazón, surja la oración sencilla y auténtica que pide con abundancia para los demás?...  quizás, de a poco podamos también nosotros experimentar en nuestra propia vida el deseo del Fundador: un nuevo año y el resto de nuestros días, colmados de “bendiciones inefables” de Dios.

Al hacer tuya la oración propuesta, dejá que tu corazón complete con los nombres que el Espíritu le inspire:

Te pido Señor, desde el fondo de mi corazón, que colmes a 
………….. este año,
y el resto de sus días, con tus inefables bendiciones.
Te pido Señor, desde el fondo de mi corazón, que colmes a 
………….. este año,
y el resto de sus días, con tu Paz.
Te pido Señor, desde el fondo de mi corazón, que colmes a 
………….. este año,
y el resto de sus días, con tu Luz.


Te pido Señor, desde el fondo de mi corazón, que colmes a 
………….. este año,
y el resto de sus días, con el don de la fe.
Te pido Señor, desde el fondo de mi corazón, que colmes a 
………….. este año,
y el resto de sus días, con tu Presencia de amor.
Te pido Señor, desde el fondo de mi corazón, que colmes a 
………….. este año,
y el resto de sus días, con …………………….. .


                                                                                                   AT sm

domingo, 25 de diciembre de 2011

“Que todas puedan tener parte muy abundante en las innumerables gracias de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo”


La chamifrase de la semana 30

25 de diciembre de 2011  FELIZ NAVIDAD

“Que todas puedan tener parte muy abundante en las innumerables gracias de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo”  

(Carta 186 – 20 de diciembre de 1821. A la Madre Adela de Trenquelléon, Agen)

El deseo del Padre Chaminade es que todos puedan recibir con abundancia los dones que nos trae la Navidad de Jesús. En primer lugar, el gran Don del Padre Dios es su mismo Hijo Jesús que se encarnó por obra del Espíritu Santo y nació de María.  Esa Presencia se manifiesta en algunos dones en la celebración de la Navidad.  Para descubrir cuáles son esas gracias especiales sigamos el camino de las Escrituras que en estos días la liturgia en torno a la celebración navideña ha recorrido.

El profeta Isaías afirma que “el pueblo que caminaba en las tinieblas 1ha visto una gran luz; 1sobre los que habitaban en el país de la oscuridad 1ha brillado una luz” (Is. 9. 1). La Navidad nos trae la luz.  En medio de las noches de nuestra vida,  Jesús es la Luz que ilumina nuestros pasos. Y esa Luz no viene de fuera sino de lo más profundo de nuestro ser, porque allí Él también ha puesto su morada y vive en lo más profundo de nuestro corazón.

El coro de los ángeles acompaña el anuncio de la Buena Noticia a los pastores cantando “Gloria a Dios en la alturas y en la tierra, paz a los hombres amados por Él” (Lc. 2, 14). El nacimiento de Jesús nos trae la Paz, porque Él es la Paz verdadera,  que consuela y alivia los corazones afligidos y nos invita a mirar la vida con un horizonte de sentido profundo y definitivo.

Los pastores tienen miedo y el Ángel les dice: “No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo” (Lc. 2, 10); y los magos venidos de Oriente cuando vieron la estrella “se llenaron de alegría” (Mt. 2,10). Cuando nos dejamos conmover por el anuncio de la Buena Noticia, nuestro corazón se llena de alegría.

¿Habrá pensado Guillermo José en la Luz, la Paz y la Alegría como esas “gracias” abundantes que nos regala la Navidad?... No lo dice concretamente, pero seguro que estos versículos de la Palabra resonaron en su corazón unidos a la celebración del Nacimiento de Jesús.  Y en su testimonio de vida los podemos ver con claridad.  Porque le tocó pasar por muchas noches en su vida, y algunas muy oscuras, pero siempre supo dejar que la Luz guiara sus pasos.  Se vio envuelto en no pocas situaciones conflictivas, y luchó siempre para que la Paz anidara en su corazón y uniera a sus discípulos a pesar de las diferencias.  Y como hombre de fe, su corazón era capaz de alegrarse, al descubrir la Presencia de un Dios encarnado que camina a nuestro lado.
Podemos sentirnos también nosotros hoy destinatarios del deseo de nuestro Padre y Fundador: “Que todos puedan tener parte muy abundante en las innumerables gracias de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo”.  Y así dejar que nuestras noches se iluminen con la LUZ, y nuestros corazones se aquieten con la PAZ, y nuestra mirada se alargue con la ALEGRÍA que nos trae el niño de Belén.

Niño de Belén,
que llegás en plena noche,
iluminá nuestros camino con la claridad de tu LUZ.

Niño de Belén,
que venís a ofrecer al mundo tu Presencia,
aquietá nuestros corazones con la fuerza de tu PAZ.

Niño de Belén,
que sos para todos los hombres y las mujeres que ama tu Padre Dios,
animá nuestras vidas y llená nuestro interior de profunda ALEGRÍA

Niño de Belén,
que nos deslumbrás con tu sencillez
queremos ser alegres mensajeros de tu Evangelio,
constructores de la Paz y promotores de tu Luz.

Niño de Belén,
queremos tomarte en brazos, con cuidado y ternura,
para seguir ayudando a María en su misión,
y así llevarte a los demás, a los que más te necesitan.

Amén

                                                                                                                                 A.T. sm

domingo, 18 de diciembre de 2011

“Para prepararse a esta solemnidad, traten todas de entrar en las disposiciones de la Santísima Virgen y de San José que durante estos cinco días, estaban en camino para dirigirse a Belén”


La chamifrase de la semana 29

18 de diciembre de 2011

     “Para prepararse a esta solemnidad, traten todas de entrar en las disposiciones de la Santísima Virgen y de San José que durante estos cinco días, estaban en camino para dirigirse a Belén”

(Carta 186 - 20 diciembre 1821. A la Madre Adela de Trenquelleon).


La invitación del Padre Chaminade es clara y sencilla. Para prepararse a la Navidad qué mejor que entrar en la experiencia de sus protagonistas: María y José. “Entrar en sus disposiciones”, meterse en sus actitudes, dejarse llevar por sus sentimientos, … sin dejar de “estar en camino”.  No se trata de quedarse embelesado contemplando el pesebre de tiernas figuras sino de entrar en el camino de María y José que van hacia Belén.  Para llegar a Belén hay que ponerse en camino, en el camino mismo de la vida. No es que María y José supieran mucho de profecías y por eso se fueron a Belén porque “allí debía nacer el Mesías”. Se pusieron en camino para cumplir con el censo que en todo el mundo había ordenado el emperador Augusto. En ese tiempo “Quirino gobernaba la Siria”.  La información evangélica nos anima a reconocer la dimensión histórica de la Encarnación del Señor. Y eso pasó dentro de un marco geográfico y sociopolítico determinado, en la misma “realidad” concreta y cotidiana. De hecho más que a magos y pastores parece que el asunto pasó bastante desapercibido.

Pero volvamos al camino, porque sin andadura no hay Belén.  Es en nuestra realidad sencilla y concreta en la que la Encarnación quiere seguir manifestándose.  Es allí donde en el camino de nuestras vidas, de nuestra familia, de nuestra sociedad,… nos toca seguir andando con las “disposiciones de la Santísima Virgen y la de San José”:  con alegría esperando la pronta llegada del niño, con la confianza que nos regala el saber que no estamos solos, con la fe que nos sostiene y ayuda a mantener el ritmo de la vida, con un corazón expectante y capaz de asombrarse viendo en lo pequeño y sencillo la acción providente del único que es verdaderamente Grande, compartiendo con los demás y especialmente con los más necesitados los dones recibidos,… y con la convicción que caminando con “esas disposiciones” siempre llegaremos nuevamente a Belén a recibir la Luz y la Paz del Emmanuel.

Guillermo José fue un hombre peregrino y misionero, en su vida encontramos como diversas etapas en las que siempre vuelve a ponerse en camino.  Con las “disposiciones de la Santísima Virgen y de San José” no se cansó en su larga vida de caminar, a veces por caminos difíciles y dolorosos, otras por caminos alegres y llenos de vida, en ocasiones abriendo nuevos caminos, … siempre con el deseo de “seguir dando a luz a Jesús” al mundo, … por eso una y otra vez lo encontramos caminando hacia Belén.

Alegres y con entusiasmo,
confiados y sin miedos,
vamos a Belén
con las disposiciones de María y de José.

Sostenidos por la fe y llenos de esperanza,
amando en el camino de la vida,
vamos a Belén
con las disposiciones de María y de José.

Generosos y solidarios,
compartiendo los dones recibidos con sencillez,
vamos a Belén
con las disposiciones de María y de José.

Con la mente abierta y el corazón dispuesto,
llevando de la mano a aquellos que ya no pueden solos,
vamos a Belén
con las disposiciones de María y de José.

Siguiendo las huellas de Guillermo José,
con el compromiso de seguir “estando en camino”
vamos a Belén
con las disposiciones de María y de José.


                                                                                                   A.T sm

domingo, 11 de diciembre de 2011

“El Espíritu de Dios, que volverá de nuevo a ti por la oración, te hará ver las cosas de un modo totalmente diferente”


La chamifrase de la semana 28

11 de diciembre de 2011

     “El Espíritu de Dios, que volverá de nuevo a ti por la oración, te hará ver las cosas de un  modo totalmente diferente”

(Carta 384 - 18 diciembre 1825. A un religioso marianista).


El Padre Chaminade escribe esta frase en una carta a “un religioso de la Compañía de María”.  Quizás para guardar la intimidad de este hombre en un momento difícil de “tentación” y de profundas dudas de fe y crisis vocacional, es que no ha llegado hasta nosotros su nombre y apellido.  Lo que sabemos es que estaba pasando un momento de crisis “existencial” (diríamos hoy) muy compleja, y le abre el corazón al Fundador. 
Guillermo José, que le contesta con una larga carta en la que no faltan consejos sabios y oportunos, junto con razonamientos realistas y de sentido común.  Fundamenta sus consejos con criterios    de la teología espiritual, y apela a la fe y a la responsabilidad de esta persona.

Es en este punto en el que en distintos momentos de la carta vuelve a insistir.  Hay que confiar en la fuerza de la gracia y la presencia del Espíritu Santo pero no basta quedarse esperando sino pedirla y abrirse a su acción.  Como los discípulos antes de Pentecostés.  Lo habían visto Resucitado, pero estaban todavía encerrados.  No faltaban miedos, sensación de abandono y la duda que se preguntaban ¿Y si todo fue una ilusión?  Pero permanecieron orando, o por lo menos en actitud de oración.  Y el Espíritu Santo les fue regalado y su mirada cambió totalmente.  Del miedo pasaron al coraje del anuncio evangélico, de la sensación de abandono a saber de manera vivencial que el Señor está con nosotros hasta el fin de los tiempos, y de la duda a la confianza que sostiene la vida y la misión.

En momentos de crisis, de dudas, de miedos, de depresión, de desengaños, de fracasos, de angustia y de dolor,… muchas veces llegamos a una falsa convicción: de nada sirve rezar.  ¿Para qué? ¿Si Dios lo podía hacer por qué no lo hizo antes? Ya no hay más que se pueda esperar.  Y no queda más que lugar a la resignación determinista o a la rebeldía angustiosa.

Es en esos momentos en los que más necesitamos abrir nuestro corazón con sencillez al Señor. Presentarnos a Él simplemente con nuestros miedos y dudas, con nuestras crisis y dolores.  Y en silencio, enfocar nuestro corazón hacia Él.  Si permanecemos en oración, abiertos a su Presencia que sana y transforma, el Espíritu de Dios volverá a inundar nuevamente nuestra vida y nos regalará una mirada totalmente nueva de la realidad.  Probablemente no cambie las características de esa realidad que nos hace sufrir, y no haga desaparecer instantáneamente de nuestro interior los miedos, las dudas o las “tentaciones”.  No nos librará por arte de magia del camino arduo que implica transitar un tiempo de crisis en la vida.  Ni siquiera nos revelará inmediatamente por dónde tenemos que seguir. Pero nos “hará ver las cosas de un modo totalmente diferente”.

A Guillermo José no le han faltado momentos críticos en su vida. Por eso cuando escribe a uno  de sus discípulos en crisis, además de todo lo que conviene alertar y aconsejar desde los dinamismos clásicos de la vida espiritual cristiana, escribe desde su propia experiencia de vida. El ha experimentado más de una vez que el Espíritu de Dios, que vuelve de nuevo por la oración, te hace ver las cosas de un modo totalmente diferente.


En medio de las dificultades de la vida,
cuando la crisis hace tambalear el piso de nuestras convicciones personales,
cuando el dolor enceguece nuestra mirada,
cuando los miedos nos encierran en nosotros mismos,
y cuando la duda carcome la confianza básica que nos sostiene:

necesitamos Señor abrirnos a la acción de tu gracia
que nos sana y transforma,
que nos levanta y anima a seguir caminando la vida.

En medio de las dificultades de la vida,
cuando nos sentimos solos e incomprendidos,
cuando la esperanza se diluye y el horizonte se desdibuja,
cuando otra vez caemos en la tentación que creíamos superada,
y cuando las fuerzas parecen que ya se agotan para comenzar una vez más:

necesitamos permanecer en oración a la espera confiada de tu Espíritu
que viene de nuevo a nosotros
y nos “hará ver las cosas de un modo totalmente diferente”.
Amén
                                                                                                                             
 A.T sm

jueves, 8 de diciembre de 2011

“Ella es, hoy como ayer, la Mujer por excelencia, la Mujer prometida por Dios para aplastar la cabeza de la serpiente”


La chamifrase de la semana 27 (especial)

8 de diciembre de 2011
Fiesta de la Inmaculada Concepción de María

Ella es, hoy como ayer, la Mujer por excelencia, la Mujer prometida por Dios para aplastar la cabeza de la serpiente”

(Carta 1163 - 24 agosto 1839. A los predicadores de retiro)


El Padre Chaminade, siguiendo el sentir del pueblo cristiano, tenía una gran devoción por la Inmaculada, mucho antes que la Iglesia la promulgara como dogma de fe.  En realidad lo que despertaba el corazón de Guillermo José era el misterio de fe que expresa esta fiesta de María.
En primer lugar la considera como “la Mujer por excelencia”, siguiendo la identificación de María del Evangelio de Juan.  La Inmaculada Concepción de María nos despierta el deseo de contemplar la belleza de María.  “Hermosa María” la han llamado los Padres de la Iglesia y los poetas espirituales de todos los tiempos.  Y la belleza de María está en la Presencia de Luz divina que la habita en plenitud.  “Hermosa María” le dice el ángel cuando la saluda diciendo “llena de gracia”.  “Hermosa María” le dicen desde los inicios los cristianos de Oriente cuando la proclaman la “Toda Santa”. Contemplar la belleza de María es una puerta para renovar nuestra confianza en la humanidad que también acoge la presencia de Luz de un Dios que decidió encarnarse.  María es signo de esta nueva humanidad que está llamada a crecer y plenificarse.  Por eso el Padre Chaminade, continua esta frase exclamando: “Ella es la esperanza, la alegría, la vida de la Iglesia y el terror del infierno”.
En segundo lugar, siguiendo la interpretación alegórica del texto del libro del Génesis, Guillermo José, identifica a María con la mujer que “aplastará la cabeza de la serpiente”. Y lo vive con una pasión interior durante toda su vida.  Convencido del papel de María asociada al misterio de la salvación y de su misión actual, no duda en afirmar: “A ella le está reservada en nuestros días la gran victoria. A ella le pertenece la gloria de salvar la fe del naufragio de que está amenazada hoy entre nosotros”.  Ya en su difícil ancianidad nuestro Fundador se hacía acompañar por un novicio hasta la imagen de la Inmaculada en el fondo del jardín y repetía con fe del corazón: "Ella te ha aplastado la cabeza y te la aplastará siempre". Para Chaminade la Inmaculada es también nuestro llamado a la misión: “Seamos en nuestra humildad el talón de la mujer”.
En el espíritu de  nuestro Padre y Fundador renovamos nuestro ardor apostólico y nuestro compromiso con María, estando con Ella en el mundo, ayudando a que en medio de las sombras Jesús otra vez pueda ser dado a Luz.  Y cuando llegue la oscuridad, cuando todo parece que se derrumba o se puede acabar, abramos nuestro corazón y con amor filial digamos: “Hermosa María” y contemplemos en Ella la Presencia luminosa de Dios que también nos habita a cada uno de nosotros.

Te alabamos y te bendecimos Señor
porque en María Inmaculada
nos manifestás tu decisión de habitar en nuestra humanidad.
Te alabamos y te bendecimos Señor
porque contemplando en María la claridad de tu Luz,
nos ayudás a descubrir tu Presencia que nos habita.

Te alabamos y te bendecimos Señor
porque a través de nuestro Padre y Fundador
nos llamás a vivir de la fe dejándonos transformar por tu Espíritu,
y así renovados en la esperanza y llenos de pasión apostólica,
asumamos nuestra vocación marianista personal y comunitariamente
siendo hoy “en nuestra humildad el talón de la mujer”
Amén

A.T sm